Habitos y demandas culturales de los estudiantes

Hábitos, demandas culturales de los estudiantes de las Universidades Andaluzas (segunda oleada 2012)

El desarrollo y ejecución del trabajo de campo es uno de los pilares básicos de cualquier investigación de carácter sociológico, y más concretamente en nuestro caso que nos marcamos como objetivo principal el estudio de usos, hábitos y demandas culturales de los universitarios andaluces, teniendo como universo la población de estudiantes de las universidades andaluzas. Para tal fin se elaboró un cuestionario (anexo) acorde a las cuestiones que se precisaron investigar, así los principales temas tratados en el mismo son los siguientes: Perfil socio-demofigura, Hábitos de lectura, Televisión, radio e Internet, Cine, Música, Teatro, Otras actividades relacionadas con la cultura, Ocio (Actividades en días laborables y en fines de semana), Valores, etc…

Antes de comenzar el trabajo de campo en todas las universidades, se realizaron varias sesiones para adaptar el cuestionario que se tenía de partida (Usos, hábitos de demandas culturales de los jóvenes universitarios andaluces 2006 ) a la realidad social y de consumo cultural del momento. Una de las aportaciones de mayor relevancia fue la inclusión de los nuevos medios y soportes en el consumo de actividades culturales. Posteriormente se realizó un pre-test para corregir y validar el cuestionario, y adaptarlo a los objetivos marcados inicialmente, para ello se realizaron veinte encuestas en cada universidad, sin incidencias relevantes en la modificación del cuestionario. Una vez diseñado el cuestionario definitivo comienza la planificación del trabajo de campo, que constó de la realización de una media de trescientas cincuenta encuestas en cada una de las universidades andaluzas no superándose en ninguna de ellas un error del +/- 5,2% para un nivel de confianza del 95%. A nivel general, regional, la muestra total está compuesta por tres mil ciento ochenta estudiantes que realizan sus estudios en alguna de las universidades de Andalucía, con un error de 1,7% para un nivel de confianza del 95%.Es preciso apuntar que no existe una proporcionalidad de la muestra total según el número de estudiantes de cada universidad, debido principalmente al interés por potenciar el análisis individual de cada universidad en cuanto al uso, hábitos y demandas culturales de sus universitarios/as, no restando con ello validez a los resultados a nivel global, ya que este análisis general contempla todas las sensibilidades de los universitarios/as andaluces, realizando la ponderación correspondiente a nivel general.

La extensión de la muestra en cada una de las universidades andaluzas hizo indispensable la distribución de la misma en base a criterios de afijación proporcional a cada una de las condiciones de segmentación. Así, en cada universidad se distribuyó la muestra de manera proporcional en relación principalmente a los siguientes criterios; número de estudiantes por cada campus universitario, número de estudiantes por área de conocimiento (Ciencias experimentales, Ciencias de la salud, Ciencias sociales y jurídicas, Enseñanzas técnicas y Humanidades), Sexo (hombre y mujer) y edad (18-21 años, 22-24 años, 25-27 años, 28-30 años). La fuente de información para realizar la distribución correspondiente fue el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte Curso 2011/2012.

Aunque no fue considerado finalmente como un criterio fijo se respetó en todas la universidades la realización de las encuestas tanto en turno de mañana como de tarde. La recogida de información se realizó a través de encuestadores/as, formados en la materia en una sesión informativa, mediante encuesta presencial en las universidades andaluzas durante los meses de octubre y noviembre de 2012. La recogida de información se realizó a través de encuesta personal asistida con ordenador (CAPI.Net). La realización del trabajo de campo mediante encuestas asistidas por ordenador, CAPI, utilizando el software GANDIA TESI CAPI NET, proporciona al proyecto en la fase de recogida de información las siguientes características:
• Permite la creación de filtros y avisos al entrevistador para el correcto uso de filtros.
• Disminuye le sesgo y los errores que provoca la persona entrevistadora. Permite el mayor control sin afectar a la flexibilidad de la misma. Además permite que las respuestas vayan rotando.
• Permite el apoyo de preguntas con audio o video.
• En el caso de encuestas personales, elimina el consumo de papel, reduciendo el impacto ambiental del proyecto.
• Elimina la fase de grabación y, por tanto, sus errores. Codificación automática, semiautomática y respuestas abiertas.
• Mayor control sobre la realización de encuestas ya que permite el diseño de filtros, avisos y cuotas.
• Es posible realizar CAPI sin necesidad de conexión de internet.
• Se tiene control sobre las entrevistas realizadas en tiempo real, mediante los envíos periódicos de encuestas a través de internet. Esto además permite la salvaguarda de los datos ya recogidos ante posibles incidencias. También se facilita el control continuo del seguimiento de las cuotas de la muestra objetivo del estudio.

Con una supervisión exhaustiva en el control de los cuestionarios. Posteriormente la base de datos generada se convirtió a formato spss para el análisis estadístico correspondiente.

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La Responsabilidad Social en las Universidades Iberoamericanas

Beca de investigación: La Responsabilidad Social en las Universidades Iberoamericanas

El lector tiene en sus manos los resultados del proyecto La responsabilidad social en las Universidades Iberoamericanas, encuadrado dentro de las actividades del Observatorio Cultural Atalaya. Desde sus inicios, varias cuestiones han marcado la evolución y el avance de esta investigación. Por un lado, el ingente marco geográfico y docente implicado en el estudio, a saber, España, Portugal, Latinoamérica y el Caribe. Evidentemente, en un estudio de estas características no podíamos abarcar las más de mil instituciones de educación superior existentes en Iberoamérica. De esta forma, hemos decidido plantear una cata de cuarenta universidades de veinte países1, intentando, con nuestra elección, crear un espectro lo más dilatado y representativo posible. En consecuencia, hemos analizados centros públicos y privados, laicos y religiosos, de tradición centenaria o de muy reciente creación. Esta amplitud lleva de la mano una tremenda heterogeneidad informativa que nos ha obligado a hilar muy fino a la hora de seleccionar los datos a evaluar. Por otro lado, también nuestro estudio se ha visto dificultado por la falta de cohesión y acuerdo en la definición del concepto de responsabilidad social universitaria, achacable a su, todavía, reciente irrupción en las estrategias de enseñanza superior y a los diferentes enfoques adoptados para su desarrollo. El, aún, corto recorrido de las políticas rectoras en RSU hace que nos encontremos ante un panorama muy diversificado en cuanto a implantación y ponderación de resultados.

La Responsabilidad Social en las Universidades Iberoamericanas

Todas estas contingencias han marcado las directrices metodológicas de este trabajo, que pueden resumirse en torno a dos grandes ejes. El primero de ellos vendría dado por la búsqueda y lectura de los principales estudios críticos sobre el tema. Así, nos hemos interesado por análisis referidos a los distintos sistemas educativos existentes en Iberoamérica pero, sobre todo, y como no podía ser de otro modo, nos hemos centrado en la bibliografía tocante a la temática de la responsabilidad social, tanto general, como empresarial y, por supuesto, universitaria. De esta forma, los señeros trabajos de Vallaeys, entre muchos otros, nos han servido de guía para elaborar nuestra propia propuesta analítica. Este armazón teórico ha quedado plasmado en una ficha de recogida de datos, indispensable a la hora de sistematizar la más que dispersa y heterogénea información disponible. El segundo de los ejes ha sido el desarrollo del trabajo de campo propiamente dicho. Éste nos ha llevado a una intensa y rigurosa búsqueda a través de las distintas páginas web oficiales, tanto de las redes y organismos institucionales gestores de responsabilidad como de las propias universidades para conocer, de primera mano, cuáles son las distintas líneas de trabajo planteadas en el ámbito de la RSU.

Pasando a la estructura expositiva, hemos decidido organizar nuestro análisis en cuatro grandes bloques. En el primero de ellos, titulado La universidad iberoamericana. Génesis y evolución, pergeñamos un cuadro general introductorio a propósito de las instituciones de enseñanza superior tanto en la Península Ibérica como en Latinoamérica y el Caribe. El segundo de los apartados, La responsabilidad social universitaria, es, sin lugar a dudas, el más teórico de todos, ya que en él nos aproximamos a los conceptos de responsabilidad social, responsabilidad social empresarial y responsabilidad social universitaria, haciendo especial hincapié en ésta última, interesándonos por los modelos de gestión, la interrelación entre RSU y sociedad, las dificultades a las que se enfrenta la implementación de una gestión responsable en la universidad y, por último, las principales redes de RSU vinculadas con Iberoamérica. El tercero de los bloques, Espacios para la RSU. Estudio de caso por países, constituye el núcleo principal de nuestra investigación, ya que en él se sintetizan y valoran los datos obtenidos en nuestra prospección. Tras la definición de los indicadores empleados en el estudio, plasmamos, en una ficha elaborada ad hoc, la casuística particular de cada universidad. El cuarto y último bloque recoge las pertinentes conclusiones generales. Finaliza nuestro trabajo con la relación de la bibliografía crítica y los recursos digitales consultados para su redacción.

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Redes Sociales y Universidad

Redes sociales y Universidad

El presente informe describe los resultados de un estudio piloto que antecede a la implementación de un proyecto de mayor envergadura a ejecutarse el año próximo (ciclo lectivo 2013). Los objetivos generales del trabajo son aportar conocimiento y generar teoría respecto de las potencialidades y contribuciones de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (en adelante, TIC) en ambientes educativos; a la vez que se pretende favorecer el ingreso, la integración y la permanencia del estudiante ingresante en el ámbito universitario.

En este sentido, el proyecto que se prevé desarrollar en el siguiente año apunta a:
1) explorar los usos que hacen cotidianamente los alumnos ingresantes de las redes sociales virtuales, particularmente, de Facebook;
2) indagar sus ideas y opiniones acerca del potencial educativo de la red social como herramienta de contención al estudiante ingresante y
3) diseñar y gestionar un espacio virtual de apoyo y contención a través de la red social Facebook, del que puedan participar los alumnos que inician su vida universitaria.

Durante los meses de duración (julio a octubre de 2012) de la beca de investigación otorgada dentro del Programa del Observatorio Cultural del Proyecto Atalaya de la Universidad de Cádiz, se buscó avanzar en los siguientes puntos, con la intención de preparar un terreno fértil para la implementación del proyecto el año próximo:

– Revisar bibliografía reciente e indagar acerca de los aspectos metodológicos para estudiar interacciones sociales en Facebook y uso académico de la red.
– Relevar datos en un estudio piloto con egresados y estudiantes avanzados de carreras vinculadas a educación, acerca de sus opiniones respecto del uso de Facebook en ambientes académicos.

Redes Sociales y Universidad

De esta manera, con la intención de conocer qué metodologías de investigación se están usando actualmente y cuán apropiadas son para el estudio de interacciones sociales y académicas en Facebook, se desarrolló un trabajo de investigación que se describe a continuación y que se en cuentra organizado en cuatro capítulos. El primero de ellos presenta el trabajo de investigación sobre el uso académico de Facebook, que se constituyó en el antecedente y el punto de partida del actual proyecto. El segundo capítulo condensa la búsqueda y selección de diferentes proyectos y trabajos de investigación, como así también experiencias de uso y libros publicados sobre las interacciones sociales y educativas en Facebook, para conocer las herramientas metodológicas utilizadas en el estudio de la temática planteada. El tercer capítulo describe la experiencia piloto desarrollada en la red social Facebook, dentro de un grupo en el que participan graduados y estudiantes avanzados de carreras relacionadas con la educación de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto (en adelante, UNRC). A través de esta investigación, buscamos implementar una de las herramientas metodológicas más utilizadas en el estudio de interacciones sociales y educativas en Facebook: la encuesta. El cuarto, y último capítulo del trabajo, expone futuras líneas de investigación sobre el uso académico de las redes sociales virtuales, a través de un proyecto con ingresantes universitarios que pretendemos implementar durante el año lectivo 2013.

Redes Sociales y Universidad

Los Publicos de la Cultura

Los públicos de la cultura

En la última década, el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación ha originado nuevas condiciones para la generación de valor en la economía y en el intercambio entre las empresas y sus clientes. La gestión de la innovación en economías abiertas (Chesborough, 2003) “ha demostrado ser más efectiva tanto en la creación como en la aplicación de nuevo conocimiento” (Achrol y Kotler, 2012, p. 41) y ha generado un nuevo modelo de organización: la organización en red. Como no podía ser de otra manera, los caminos académico y empírico se han encontrado para crear una nueva área de conocimiento que ya se considera una línea de investigación en la dirección de empresas (Gummesson, 2010, 2012; Ballantyne y Varey, 2008; y Vargo y Lusch, 2004.): el marketing colaborativo.

El ámbito cultural, por el tipo de producto que vende y el contexto en el que opera, puede encontrar múltiples ventajas al incorporar esta nueva perspectiva. El concepto de marketing colaborativo los podemos definir como “el proceso en la sociedad y en las organizaciones que facilita el intercambio voluntario a través de relaciones colaborativas que crean un valor recíproco a través de la aplicación de recursos complementarios”.

Los Publicos de la Cultura

Se trata de una evolución natural de la disciplina hacia un nuevo “escenario de redes”, en el que las teorías de marketing relacional han desarrollado un papel clave que explican la evolución lógica hacia un nuevo paradigma (Achrol y Kotler, 2012; Achrol and Kotler, 1999; Gummesson, 1998; Morgan y Hunt, 1994; Sheth y Parvatiyar, 1995). En este nuevo paradigma , se produce un cambio en las funciones asignadas a los roles de los agentes de interés y las relaciones de intercambio se sustituyen por relaciones colaborativas en las que, tal y como se proponía en el enfoque de marketing de relaciones, se pretende generar vínculos de ganador – ganador entre todos los agentes de interés, evolucionando del marketing onetoone al manytomany marketing, tal y como indica Gummesson (2008), sustituyendo la posición de la organización centrada en el cliente por una organización en economía abierta en la que las relaciones con los clientes y otros agentes implicados son de colaboración y el beneficio se proyecta más allá del corto plazo y la organización individual para integrar al resto de colaboradores (asociaciones, públicos, privados, etc.), entendiendo que todos se benefician de un contexto de colaboración y crecimiento. Este puede ser considerado el antecedente inmediato de las nuevas teorías colaborativas, así como una nueva manera de “coompetir” en la línea propuesta por Brandenburger y Nalebuff (1997): “youdon´thavetoblowouttheotherfellow´s light toletyourownshine”.

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Lexico de Incertidumbres Culturales

Léxico de Incertidumbres Culturales

Mientras los padres, una hermana de diez u once años y otro hermano de algo menos rebuscaban eficientemente en la basura, la más chica de la familia había encontrado entre los despojos un cuento y estaba sentada en el bordillo de la acera enfrascada en la lectura —o la contemplación sin más, porque quizá era demasiado chica para saber leer. Esto no es un recurso facilón; fui testigo y no contó con aditamentos narrativos ni de crudo invierno ni de suburbio apartado porque sucedía en el centro de una gran ciudad, y el que tuviera lugar en tiempo de una crisis económica devastadora simplemente ni le ponía ni le quitaba. Pero desde aquella noche recién empezada se me borraron todas las dudas sobre el sentido, la utilidad y la necesidad de cultura; porque fue para ver la placidez de aquella criatura con «su cuento». De manera que ahora probablemente no sea necesario pensar la cultura.

Lo que llamamos «cultura», lo que entendemos por ella o, mejor aún, lo que percibimos que contiene, está bien pensado en la historia contemporánea. Vivimos además un tiempo de potencialidad cultural innegable tanto por lo producido en pasado y presente cuanto por la capacidad que venimos adquiriendo para acceder a todo ello. No, no hay que «pensar la cultura» como si esta fuera una realidad insatisfactoria, como si nos resultara insuficiente para seguir adelante o nos sintiéramos atrapados por ella en una maraña totalizadora en la que no viésemos expectativa. En todo caso merece reflexión que, conscientes de este estado de cosas, alcancemos a intuir que la disponibilidad de la cultura siga siendo desigual y no sólo en los planos internacional y planetario sino en términos de clase y posición social. Merece reflexión que el período de la humanidad con mayor expansión de las comunicaciones entre sociedades y personas conviva, no sé si insensiblemente, con inequidades culturales que eran conocidas hace cincuenta o cien años y que persisten.

Lexico de Incertidumbres Culturales

Las razones de este escenario —a nivel global, como nos gusta ponderar hoy día— si no son del todo asumidas, por lo menos, están al cabo de la calle: la riqueza sigue peor repartida y la pobreza sin mitigar, corporaciones económicas prevalecen sobre cualquier progreso democrático, el bienestar sucumbe —en las pocas sociedades que llegaron a disfrutarlo— y la codicia sigue desplazando a la honestidad. Esto sucede en todas las esferas de la vida contemporánea, incluida la actividad cultural. Seguramente por eso la «cultura» no tiene instrumentos propios, ni arrestos ni argumentos para cambiar el orden de las cosas o de algunas siquiera; ella misma es un resultado más de la historia y de cómo ha sido precisamente que la historia nos ha traído hasta aquí. Ahora bien, lo que puede que haga falta es ir discriminando cosas e ideas que en el trayecto se han ido acumulando en la cultura sin mucho orden, porque puede que algo no esté donde corresponde, o que se haya dejado por ahí sin miramientos, sin pensarlo. Circula una sensación de que la cultura ha devenido en cajón de sastre al que va a parar, sobre todo, cuanto se considera que apenas tiene, o que ha perdido valor comercial inmediato. Cultura ha llegado a ser tanto el catálogo de las grandilocuencias como la nómina de lo anecdótico, la gloria del conocimiento humano lo mismo que la ocurrencia chocarrera, tanto ideas como aparatos, la belleza insólita y las truculencias seriadas, la reverencia ante Velázquez y mamarrachos en disfraz de cómic. ¿Cómo no comprender que algunas —más de las publicadas, seguramente— de las mentes más lúcidas expresen alarma y desaliento, aun dejándose abierto el desván de estos o aquellos prejuicios? Pero a la vez, ¿cómo no entender la impaciencia de catervas aupadas en una «creatividad » demagógicamente repartida, aunque su malestar desemboque con descaro en prueba de inmadurez e insuficiencia? ¿Cómo no quedar en suspenso, si parece que la cultura ha quedado para consolación de ignaros de un mundo narciso en competencia consigo mismo? La cultura, el conocimiento al fin y al cabo, más que comprensión parece que ahora ofrezca incertidumbre. Visto el caso, en Atalaya me han retado a proponer dónde le estaba brotando el desasosiego
a la cultura, y a nombrar incertidumbres con términos concretos. Es un duelo sin padrinos pero también incruento.

Posiblemente la primera pista del asunto estaba en la sensación de alejamiento del humanismo que parece aquejarnos, porque en la función universitaria humanismo es una meta tan antigua como inalcanzable especialmente desde que toleramos su confusión con moralidad, incluso con religiosidad modernizada, y también desde que nos dejamos formar como especialistas antes que documentados. Que el centro de atención del conocimiento se oriente a la mistificación mercantil, al panegírico de la máquina o a la enajenación global, alejándose del hombre es fuente de inquietud cultural; sin duda. Como también esa otra sensación de desapego del pasado, de aprensión ante la memoria o la historia tachadas de vendavales cambiantes, caprichosos cuando no interesados, que ha conducido a un adanismo condenado al ocaso temprano.

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Resultados Claves de un Servicio Universitario de Cooperacion Cultural

Resultados Claves de un Servicio Universitario de Cooperación Cultural

Las reflexiones que introducen este artículo persiguen ser apenas el punto de partida que permita la valoración del trabajo, que en el ámbito de la Responsabilidad Social Universitaria (RSU), se desarrolla en las universidades públicas andaluzas. Para ello, en primer lugar centraremos la atención en la definición de los conceptos que acotan este acercamiento a las prácticas que realizan las UPA’s.
Siendo conceptos que hoy manejamos de forma casi coloquial (la extensión universitaria, la responsabilidad social universitaria, la transferencia del conocimiento…), un buen ejercicio será definirlos para a partir de ahí, proponer un reflejo del trabajo realizado desde los distintos vicerrectorados/oficinas/servicios competentes, teniendo como referencia una serie de indicadores que según hemos podido constatar reflejan los esfuerzos que en estas materias se llevan a cabo.

Una vez nos planteamos el contexto del estudio, los objetivos del mismo quedaron definidos como sigue:
• Proponer un análisis desde lo particular a lo general, partiendo de los conceptos que
rigen el trabajo de la Responsabilidad Social Universitaria (RSU) para desembocar en un
análisis casuístico de las UPA’s.
• Proponer un análisis de lo que hemos definido como Acción / Proyección Social Universitaria.
• Delimitar los indicadores homogéneos a todas las universidades para ofrecer una visión
realista y abarcadora del cumplimiento de las acciones de proyección social.
• Un panorama de la Acción/Proyección Social en las UPA’s.
• Promover el intercambio de buenas prácticas y facilitar la transferencia de las experiencias
consideradas pioneras en el desarrollo de estas competencias.
• Facilitar la consolidación de las políticas de Acción /Proyección Social de las UPA ’s, ofreciendo
la posibilidad de conocer detalladamente su situación actual al respecto.
• Promover la vinculación y la participación de todos los sectores de la comunidad universitaria
en las acciones, actividades, programas y proyectos que se desarrollen en sus
respectivas universidades, en el terreno de la Acción/Proyección Social.

Para la consecución de estos fines, las universidades públicas andaluzas han construido un valioso tejido de servicios y/o organismos competentes, que en estrecha y profunda vinculación con el ámbito académico, apuestan por la articulación de acciones, programas y actividades que corporicen la RSU y con ella la puesta en valor del compromiso de la institución de altos estudios con la sociedad en la que desarrolla su labor. Fortalecer ese entramado y hacerlo cada vez más útil y visible es el desafío de los Vicerrectorados, Unidades y Servicios que se encargan de la Promoción Social y Cultural y la Extensión Universitaria. De la misma manera, ha de trazar nítidos itinerarios a través de sus proyectos, que implementen las relaciones entre la universidad y la sociedad (cada vez más complejas) poniendo el acento en la vocación pública de servicio y asistencia social y cultural, para el desarrollo comunitario del que la universidad debe ser una
agente destacada.

Resultados Claves de un Servicio Universitario de Cooperacion Cultural

El proceso que nos ha llevado a la integración en el nuevo espacio europeo de educación superior, supone el fortalecimiento del rol otorgado a la extensión universitaria y la importancia que se le confiere al mismo nivel que la formación y la investigación, el desarrollo y la innovación académica y científica, alertando de la necesidad de que éstas deban caminar juntas y establecer un nuevo marco de relaciones y cooperación. Marco en el que se subraya no sólo la importancia de la difusión y extensión de los beneficios, las utilidades y la producción universitaria en la sociedad, sino la responsabilidad social de la Universidad hacia aquell@s individu@s, ciudadan@s, grupos, colectivos, redes, asociaciones, etc., a quienes dicha producción beneficia, siendo la extensión el instrumento por el que la ciudadanía se acerque a la universidad a través de las actuaciones, los proyectos, la asesoría y consulta de aquella.

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Mapa de Procesos de Cursos y Escuelas Culturales

Mapa de Procesos de Cursos y Escuelas Culturales

No por obvio resulta menos necesario incidir en la importancia de la educación dentro de nuestro sistema social y cultural. Sin entrar en el debate en torno a sus contenidos, el ámbito educativo incide una y otra vez en su relevante papel tanto desde un prisma profesional y laboral como desde una perspectiva académica o meramente personal.

La diversificación de los agentes sociales implicados en el contexto educativo ha ido cambiando sustancialmente durante el devenir del pasado siglo XX. De aquella estructura piramidal que concebía el sistema educativo como organización monopolizadora y hegemónica orientada a una distribución jerárquica de los conocimientos se ha ido pasando a una ordenación mucho más abierta donde no solo las grandes instituciones -Iglesia Católica y Estado, básicamente ostentan el papel de difusores de valores y conocimiento.

En esta enriquecida cartografía, son muchos los agentes sociales y culturales implicados en la confección de una oferta educativa que presente opciones de elección a la ciudadanía y que responda a sus necesidades profesionales o personales. Llegados a este punto, se antoja obligado exponer nuestra percepción de la relación entre educación y cultura. Mientras la educación parte de un principio igualitario donde análogos espacios de conocimiento se ofrecen de forma equitativa con el fin de establecer una equidad y justicia social, la cultura ofrece un marco de conocimiento e información más plural y menos monolítico, más permeable y menos académico, que permite a cada ciudadano decantarse por una especialización en la que sustentar su identidad cultural pero también social. Es justo este último marco cultural el que contextualiza el estudio que en estas páginas presentamos. Un territorio donde cada agente o institución, pública o privada, decide sus objetivos y contenidos para, a partir de ellos, proceder a su adaptación y transmisión ayudados por esta herramienta metodológica de carácter eminentemente técnico.

Mapa de Procesos de Cursos y Escuelas Culturales

Sin un sustrato formativo regular en el tiempo, heterogéneo en sus contenidos y lecturas y consistente en su estructuración parece imposible concebir un sólido cimiento creativo pero también un público cualificado y exigente. En la formación se encuentran buena parte de las claves del positivo desarrollo cultural tanto desde el punto de vista de los autores como de los públicos. Y con la organización metodológica de dicha formación se garantiza la satisfacción de unos usuarios interesados –por obligación o por devoción- en seguir ampliando sus parcelas de conocimiento intelectual, moral o profesional. Sobre ellas se construirá ese necesario espacio crítico que los defina -y diferencie- como ciudadanos en activo.

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Informe ejecutivo Navarro y Martinez

Elementos que debieran integrar una Metodología de medición de los retornos de los Grandes Eventos Culturales y de Ocio

La relación cultura-economía trasciende el ámbito de ambas materias. Estas relaciones influyen –limitan pero también potencian– el desarrollo humano. Desde la perspectiva del desarrollo humano y de su relación con la capacidad de las personas para crear valor económico, social y cultural, el trabajo que se presenta dirige una mirada a los elementos que habría que considerar para medir estas relaciones en un ámbito específico de las mismas: los grandes eventos culturales y de ocio.

Este trabajo se aparta de las mediciones tradicionales y de los enfoques macroeconómicos que relacionan cultura y economía. Se adopta una perspectiva más microeconómica y social desde la que se propone una mirada nueva.

Las actividades y eventos culturales se consideran generadores de beneficio económico, contribuyendo a la regeneración urbana de zonas y territorios. Surge así, la necesidad de hacer valoraciones del impacto económico que ello supone. De hecho, múltiples estudios de este carácter han puesto de manifiesto que las actividades culturales pueden contribuir positivamente en el desarrollo de otros sectores como ocurre en el caso de los eventos culturales sobre el sector del turismo. Tradicionalmente, los efectos producidos se han medido a través de estudios de impacto económico o análisis contingentes, que intentan evaluar la actividad económica inducida que tiene lugar en el área de influencia como resultado del evento en cuestión, enfoques que no están exentos de críticas por sus limitaciones.

Un enfoque más amplio considera que la cultura conforma el entorno en el que se desarrolla la actividad humana y la condiciona. De esa manera, como el desarrollo económico, social y cultural de los territorios no puede separarse, la valoración del impacto de los grandes eventos culturales debería ser integral. Partiendo de dicha premisa, la principal proposición para medir el impacto de los grandes eventos debe partir de la consideración de la cultura como un recurso estratégico para la sociedad del conocimiento. La cultura, así vista, conforma las condiciones del ecosistema innovador y emprendedor de la sociedad del conocimiento.

Informe ejecutivo Atalaya

Esta concepción de la cultura como recurso, conduce al concepto de capacidad humana como elemento esencial de la teoría del desarrollo humano que supera la visión tradicional del desarrollo económico. Partiendo de estas premisas y sustentada en el enfoque de las capacidades se ha propuesto una forma innovadora de medición del impacto de los eventos culturales en el desarrollo de las sociedades. La propuesta debe ser contemplada como un avance para el debate y la reflexión no como un modelo acabado. La relación entre los grandes eventos y la sociedad del conocimiento, a través de los indicadores que se ofrecen, es el hilo conductor de la propuesta y el núcleo del trabajo de investigación posterior que se abre.

 

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Adelanto editorial: Léxico de incertidumbres culturales (Ensayos universitarios para reiniciar un siglo). Cultura y dependencia (Malpagá)

Hoy sucede que los «Episodios Nacionales» de Galdós pueden adquirirse por vía electrónica a precio cero. Si, como Throsby recuerda, en términos económicos el precio no mide el valor de un bien sino que sólo es un indicador de éste, ¿estamos ante un indicador de que el valor de la serie galdosiana tiende a la nada, a la intrascendencia? La irrupción del libro electrónico ha hecho reverdecer una de las paradojas en que se ve envuelto el sector de la cultura: los compradores del nuevo formato coinciden en que el precio, contrastado con la edición en papel, es todavía elevado. Una reacción que no sorprende a nadie porque el libro —como tantos productos de la cultura— siempre parece caro, aunque si se preguntara por su valor la respuesta más frecuente sería la de «incalculable». De manera que si la edición electrónica reduce costes de producción y distribución —aunque introduce otros2— y el porcentaje del autor permanece de momento más en suspenso que inmutable, ¿qué porciento habremos de imaginar para un «valor» que tanto ponderamos? No es de extrañar que David Throsby arrancara su ya clásico ensayo sobre economía y cultura con la ingrata tarea de aportar cierta luz a esta paradoja del valor en la economía de la cultura, lo que consigue según y cómo.

Como tenemos establecido que la cultura resulta «invaluable», una respuesta radical a la gran paradoja viene siendo que la cultura ha de ser gratis. Claro; pero entonces habría que encarar una cuestión de temporalidad: ¿cuándo ha de ser gratis? El valor asignado a la cultura no existe en nuestras conciencias de manera idéntica según qué «momento» de cada una de sus materializaciones, porque éstas han de ser producidas intelectualmente y a continuación volcadas sobre un soporte o un medio de comunicación. Desde luego ya en la pulsión creativa el valor intrínseco es universal aunque la mayoría no podamos reconocerlo o certificarlo; lo que implica que entonces su valor social es anecdótico por hipotético y futurible, en tanto su coste de producción es el más alto que alcanzará en su vida como producto cultural. Pero en ese nacimiento material es cuando, irremediablemente, se le asigna un precio; un primer precio que tiene todas las papeletas para parecer caro.

Autor Léxico de incertidumbres culturales

El consumidor de cultura no desagrega esa temporalidad que conduce a la universalización de la cultura concreta. No tiene por qué, desde luego. El instinto consumidor recomienda esperar a la edición de bolsillo, al álbum sin añadiduras de lanzamiento, a la reposición o la emisión en abierto: de alguna forma, ese instinto expectante y rácano opera en la temporalidad económica de la cultura para ratificar o no el valor inmarcesible que le corresponda. El problema paradójico a largo plazo es que así comienza el recorrido hacia el «precio cero» que será la certificación de universalidad con mayúsculas. Esta secuencia paradójica se sustenta en un sistema —cultural y nuestro— que hace del derecho de autor la única propiedad de titularidad perecedera en el capitalismo y que utiliza los indicadores más básicos con prurito de negatividad: lo más caro es lo más incierto, lo más consumido lo que menos valor o calidad suscita, lo consagrado lo que más bajas utilidades augura; y en las tres proposiciones cabe añadir, casi siempre, «y viceversa».

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Adelanto editorial: Léxico de incertidumbres culturales (Ensayos universitarios para reiniciar un siglo). Parranda de pavos reales.

Se atribuye a Voltaire la máxima de que el secreto de aburrir a la gente es decirlo todo. Aún si fuera apócrifo, dar por bueno el aforismo explicaría que todo intento desde la cultura por divulgar el conocimiento tenga que constreñirse, achicarse para no aburrir y ser aceptado como entretenimiento o de últimas aparentar la ceremonia de lo nuevo o lo resucitado. Lo mejor de obrar con ese criterio es asumir que la cultura no tiene por qué ser aburrida —si se encoge, claro— y lo malo es caer por el terraplén contemporáneo en que parece que toda la cultura esté llamada a manifestarse en la hora del recreo. La cultura como inductora de lo diferente, de lo imaginario y aun deseado, ha sido una constante en la vida occidental al menos: Emma Bovary imaginando un París hiperbólico a partir de la lectura, y dando por seguro que tantas diferencias con su lánguida vida provinciana habrían de ser claves para su felicidad, resume el sentido utopista y lúdico asignado de antiguo a nuestra cultura. De ahí también la asociación entre cultura y libertad o emancipación.

Pero el divertimento no es condición de cultura. Más bien parece que el bienestar, o el cambio de estatus que el bienestar infiere, han inducido la exclusión del malestar de cualquier forma de conocimiento positivo —en cualquiera de las acepciones de «positivo»—, especialmente a escala personal. En el reciente devenir histórico lo cultural parece autorizado a cuestionar, a hacer pensar sobre esto o aquello, pero no a instalar o instalarse en el malestar. Y de ahí una predisposición hacia cómo ha de repercutir positivamente la cultura en nuestras vidas que ha llevado las sociedades avanzadas a cometer un error garrafal —¿de garrafa?— equiparando en la praxis cultura con ocio, esto es, reservando y relegando la concreción del conocimiento a una temporalidad ineficaz a priori en la construcción del bienestar mismo. Eso ha generado serias confusiones tanto éticas como mercantiles cuyas consecuencias aún estamos pagando; porque la concepción sectorial de la cultura se ha elaborado a partir de tal error o sin reparar en él, mientras que los datos básicos de la demoscopia —y el sentido común— dejan bien claro que la cultura no es ni el principal ni el subsiguiente contenido del ocio entre nosotros.

Autor Léxico de incertidumbres culturales

Lo cierto es que la cultura en la expansión del capitalismo ha debido adaptarse a esa circunstancia que nos trae a preguntarnos, al cabo, si en el trayecto se ha corrompido. ¿Es un problema que la cultura esté o parezca seducida por el entretenimiento en nuestros días? Más que problema efectivo se trata de una suerte de angustia intelectual ante la creciente frecuencia con que lo entretenido, lo que divierte se toma por «cultura» o actividad cultural de manera acrítica, simplemente porque está en el ocio. Reprochamos que lo que entretiene sin más está devorando una idea superior de cultura. Como además la frecuencia ha convertido el divertimento y la cultura a él asociada en rutina, es muy alta la tentación de referir la cosa en términos de hecatombe.

Si se repara con algo de pausa, no es tan abrumadora ni total una pretendida entrega de la cultura al divertimento. Vivimos, eso sí, un crecimiento exponencial del entretenimiento como actividad buscada y favorita —e inducida, qué caramba— de cada vez más gente, pero también debiéramos reconocer que aumenta, más discretamente sin duda, el disfrute intelectual, reflexivo, convencional si se quiere de la cultura en sus diversas manifestaciones, a poco que comparemos con épocas pasadas no tan lejanas. En todo caso es la mentalidad contemporánea, principalmente occidental y hasta ahora transmitida en la globalización, la que viene anteponiendo lo divertido y enajenante a un encaramiento de la realidad, digamos que seriamente, o simplemente al disfrute de la cultura sin requisitos festivos.

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