Adelanto editorial: Léxico de incertidumbres culturales (Ensayos universitarios para reiniciar un siglo). Cultura según la opinión pública.

Con el paso de los años nos hemos acostumbrado a trasvasar la cultura a términos numéricos, cuantitativos, en aras del análisis y para escándalo periódico de quienes en algún momento se detienen a añorar una cultura estrictamente inteligente y amable, una cultura a salvo de mercado y negocio. Quede claro que en este último colectivo estamos todos en algún momento, pues la pulsión estética y la emoción intelectiva son naturales en el ser humano y van y vienen en la vida ante los estímulos de la creación y la creatividad. Pero las estadísticas culturales, extraídas de la materialidad de cuanto produce el conocimiento inicialmente puro, son necesarias. Lo son por motivos de congruencia con el capitalismo especulativo en que vivimos, en el que se llegó hace tiempo al paroxismo de confusión entre valor y precio, en el que también se hace imprescindible situar cada actividad humana en una escala de generación de riqueza y en un abanico de opciones concretas a que se enfrenta la persona como ciudadano, como productor y como consumidor. En todo caso, lo primero que apuntan las estadísticas de la cultura es que han llegado tardía e insuficientemente a la realidad político-económica que hoy estamos viendo desestructurarse.

El conocimiento cuantitativo que tenemos del sector cultural es resultado además de una elaboración liberal. Podemos analizar con los datos al uso el peso y posicionamiento económico de la cultura como sector de actividad y, dentro de ello, el comportamiento en el tiempo (reciente) de los principales productos y sistemas con que la cultura ha operado en las sociedades avanzadas o en alguna otra asimilada en términos creativos, culturales. A ese conocimiento podemos ya añadirle o cruzarle variables territoriales, segmentarlo conforme a niveles de renta y formación, y hasta de factores como la religiosidad o el partidismo, porque los datos de la cultura han crecido ya en el magma de este capitalismo neo-liberal de los últimos treinta años. Pero esos datos, esas series, escamotean un factor sustancial para comprender sus resultantes en esas tres décadas: el sector cultural del que dimanan ha crecido al amparo del estado de bienestar primordialmente.

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